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Acerca del blanco en la Arquitectura _ Edificios Monocromáticos



High Museum of Art, Atlanta _ Richard Meier, 1980/83
MACBA, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona _ Richard Meier, 1995
Iglesia Dios Padre Misericordioso (Jubilee Church), Roma, Italia. _ Richard Meier, John Eisler, 1996/2003


Retomando algunas consideraciones desarrolladas en el artículo ´El blanco certero´ de Alberto Campo Baeza acerca del uso del color blanco en arquitectura, nos vemos obligados a exponer algunos conceptos vertidos en el prefacio del libro ´Richard Meier, Architect´ editado por Gustavo Gili en 1984 y el texto firmado por el arquitecto John Hedjuk en la postdata del mismo, ambos aquí reproducidos, que clarificarán aún con más precisión las búsquedas conceptuales de aquellos autores que incursionaron a través de su inagotable experiencia en la creación de un estilo arquitectónico propio denominado ´Modernidad Blanca´ desarrollado a mediados de los años sesenta en la costa este de los Estados Unidos y que aún hoy, sigue sosteniendo y desarrollando.

Prefacio _ ´El blanco es el color que agudiza la percepción de los tonos que existen en la luz natural y en la propia naturaleza. Merced al contraste con una superficie blanca apreciamos mejor el juego de la luz y sombra, de masa y vacío. Por esta razón el blanco se viene considerando tradicionalmente como símbolo de pureza y claridad, símbolo de perfección. Mientras otros colores poseen valores relativos según el contexto en que se hallen, el blanco en cambio, conserva su condición de absoluto. Incluso cuando el blanco está solo, no se limita a ser blanco, será otro color que se transforma por efecto de la luz, por todo lo que cambien en el firmamento, sean las nubes, el sol o la luna. Goethe decía: ´El color es el sufrimiento de la luz´. Acaso la blancura sea el recuerdo y el anticipo del color. Una de las características de mi obra es la blancura; me valgo de ella para clarificar las ideas arquitectónicas y aumentar la potencia de la forma visual. Me asiste al enfrentarme a la principal de mis inquietudes, el moldeado del espacio y de la luz; y cuando digo espacio no me refiero a uno abstracto, falto de escala, sino a aquel cuya definición y orden se relacionan con la naturaleza, el contexto, la escala humana y la cultura arquitectónica. Las materias primas con que opero no se limitan al volumen y la superficie, a la luz y la forma, a los cambios de escala y de visión, de movimiento y de detención. Lo hago también con los elementos físicos y funcionales de la construcción. Tengo un hondo interés por la ejecución del edificio, prefiero considerarme más un maestro de obras que un artista y más aún cuando, a mi juicio, esto es lo que, de un tiempo a esta parte, necesita el arte de la arquitectura. En la historia tengo una fuente inagotable y constante de inspiración, porque estimo que una parte de la significación que pueda poseer un edificio proviene del conocimiento que encierre del pasado, del modo como incorpore los valores de permanencia, de continuidad y por consiguiente de calidad. Pero las alusiones y las citas que incorporo nunca son literales, los significados siempre se interiorizan en la obra, las metáforas son exclusivamente arquitectónicas. Al declarar que mi interés se centra fundamentalmente en el espacio, la forma, la luz y como generarlos, no pretendo más que subrayar que mi meta es la presencia y no la ilusión. Voy tras ella porque creo que contiene el alma y el corazón de la arquitectura. La arquitectura es vital y duradera porque nos envuelve, materializa el espacio donde se desarrolla nuestra existencia, donde nos movemos, el espacio que utilizamos. La totalidad de mi obra es una tentativa por redefinir este persistente orden humano, por interpretar la relación entre lo que fue, y lo que pueda ser, por seleccionar de nuestra cultura lo intemporal y lo ordinario. Opino que esta es la base del estilo, de la decisión de incluir o de excluir, de poner en práctica la voluntad y la inteligencia personal. En tal sentido, el estilo es algo que nace al margen de la cultura, aunque muy vinculado a la propia experiencia.

Richard Meier, Junio de 1984.

Posdata _ ´Querido Richard: He decidido escribirte una carta en vez de la posdata. Se trata de una carta privada que se hace pública o de una carta pública que se hace privada. En ciertas situaciones los amigos han de ser críticos y además estimulantes, críticos para que se lleven a cabo ciertas investigaciones, estimulantes para acometer las nuevas, los viejos amigos son como las placas tectónicas, sólidas, se mueven, se ajustan, provocan grietas y fisuras con el fin de que el mundo se conserve intacto. De un tiempo a esta parte vengo pensando en tu obra en relación a la sociedad que nos rodea. Tengo la impresión de que tú y yo estamos entre las dos caras de una moneda (que tal vez acuñaron otros). Yo no dudo que se debe construir más, tu no dudas que hay que investigar más pero la paradoja estriba en, qué debe construirse, y que hay que investigar más, este es el dilema. Hace poco me tropecé con un viejo amigo, llevaba treinta años sin verlo. Su cuerpo físico estaba allí, pero no como lo recordaba, se podían reconocer algunos rasgos, sentí algunas sensaciones desvaídas. Probé de incursionar por la forma externa que se me mostraba. Quiero decir con ello que no intentaba mirar a través, sino de entrar, por expresarlo de algún modo, en el alma. La experiencia era singular. Traté de abrirme paso por los ojos de mi amigo, fue difícil, casi imposible, hasta que se produjo un instante de reconocimiento, de coincidencia. Fue como contemplar un firmamento de estrellas en que por vez primera, estas no tenían la posición estática que conocía desde niño, se movían en un espacio negro. Hasta que experimenté ese momento trascendental al intentar penetrar en el alma de otro que no había podido ver nunca el movimiento de las estrellas en el espacio. Recientemente visite el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Nos quedamos durante un rato contemplando al Poseidón al que le faltaban los ojos, solo tiene unas cuencas vacías que parecen negras. El espacio de aquellos agujeros oscuros abiertos en la cabeza de Poseidón me pareció aunque limitado, profundamente infinito, parecido al negro firmamento. La impenetrabilidad del espacio me sugirió su inmensidad. Así se suscito el problema y el significado de la antítesis entre el blanco y el negro. Antes de irnos advertimos otro fenómeno que nos intranquilizó, la escultura funeraria de las tumbas de hombres y mujeres griegos, górgonas, grifos, sirenas y demás criaturas se entremezclaban con las figuras humanas. Me di cuenta que esas criaturas eran inimaginables, que no se podían concebir con la mente, eran como fueron el marido, la mujer y el hijo. En la posdata que escribí para tu último libro incluí una cita de Moby Dick de Herman Melville, referida a la concreción del blanco. El color blanco tiene otros aspectos que este escritor describe con precisión: ´su naturaleza sugerente provoca pensar en la blancura, pero cuando se separa de asociaciones más gratas y se acompaña de un objeto terrible en sí mismo, lleva el terror hasta el límite´. Reparemos en la blancura del albatros ¿de dónde vienen esas nubes de temor pálido y espiritual por donde navega en todas las mentes ese fantasma blanco? Simboliza por tanto, en sus diversas manifestaciones, de todo lo grande y bello que sea por su blancura; nadie puede negar que en su significación más profunda e idealizada, recuerda la aparición del alma. Evidentemente Melville miraba al color blanco de una manera muy peculiar. Como dice, el blanco puede ofrecer facetas tan atroces como el negro. Después de ver la reposición de la película ´The Shinning´, de Kubrick un amigo hizo la siguiente observación: ´la mayoría de las películas de terror tienen oscuridad, sombras, negros, claroscuros muy penetrantes. En esta la luz lo inunda todo, la luz se difunde, lo ocupa todo, no hay sombras, la luz blanca puede producir una atmósfera de presagio´. Richard, cabe que con el uso que tú haces del blanco, con tu blancura de luz blanca, hayas dado otro significado a nuestra sociedad y a su programa, un significado análogo al de las casas blanco-oscuro de Hawthorne en New England, plenas de aspectos ocultos, escondidos. Los arquitectos debemos investigar las posibilidades de los ´edificios monocromáticos´ hasta ahora ignorados que sin reflejar necesariamente a la sociedad tal como es, especulan en cambio, sobre como podría ser. Estamos atados también a la ballena de Ahab…

John Hedjuk, arquitecto, New York, Mayo de 1984.

´Edward Hopper y el ocaso del sueño americano´ _ Adolfo Vásquez Rocca



Early Sunday Morning, 1930 / Nighthawks, 1942
publicado en http://arteaisthesis.blogspot.com/2007/12/edward-hopper-y-el-ocaso-del-sueo.html

Tras el creciente interés concitado por la pintura de Edward Hopper –quien ha sido elevado a la categoría del artista norteamericano más representativo del siglo XX– cabe preguntarse por las causas de este fenómeno, más aún cuando Hopper como artista no fue nunca un revolucionario: ni en su técnica pictórica, ni en su lenguaje artístico, ni, tampoco, en la elaboración intelectual que se hallaba tras sus telas. Hopper fue más bien un conservador, incluso un reaccionario; el concepto aplicado a su pintura, american scene painting, refleja a la perfección su mundo: un universo en el que no tenían cabida las rupturas de la abstracción y las inquietudes vanguardistas de la pintura europea. Sin embargo, aunque Hopper no lo supiese, lo que pintaba era un mundo sin salida, donde sus habitantes estaban atrapados. Todos sus cuadros parecen encerrarse en una impotencia tranquila, resignada, que fluye desde el rostro de las figuras solitarias o se disemina por las escenas urbanas.

En Drug Store, de 1927, vemos una farmacia, un almacén, en una esquina. Es de noche, y el establecimiento está iluminado por unas lámparas en el porche, y por las luces del escaparate. Se adivinan las sombras de la calle. La quietud rompe el color del aparador. No hay nadie, todo está vacío. Hopper nos muestra la América de la gran depresión, y, después, la del triunfo del capitalismo, pintando, sin saberlo, el hombre sin atributos, el ciudadano sin sueños, el ser humano sin horizontes, atado al tedio infinito que sienten esos dos bañistas recogidos en Sea Watchers. Esos “Halcones de la noche” que pintaba Hopper en Nighthawks, esos noctámbulos, son unos náufragos perdidos, ensimismados, refugiados en su propia soledad, en su impotencia vital, que soportan una condena más dura que su aislamiento, pese a que los veamos a veces en sus estancias soleadas, pese a la alegría aparente que se asoma por las ventanas. Hopper quería pintarse a sí mismo, pero nos enseñó, sin pretenderlo, la putrefacción del capitalismo, el sueño americano encerrado en un frío restaurante o en una sórdida habitación de hotel.

En la obra de Hopper se deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen debajo del optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío, el pesimismo postmoderno ha decretado la muerte de toda tentación de cambio social, de la idea misma de progreso. Hopper es un lúcido testigo de la gran Depresión, el primer pintor americano en retratarla. El texto que constituye el prólogo natural de estas pinturas no es otro que el de Herman Melville, las primeras páginas de Moby Dick: “Apostados como centinelas silenciosos en toda la ciudad, permanecen inmóviles en la contemplación oceánica… Pero son todos terrestres; de día, encerrados entre madera y argamasa, atados a mostradores, clavados a los bancos, ligados a las mesas. ¿Cómo es esto? ¿Han desaparecido los campos verdes?”.

Así, Edward Hopper es el primer pintor norteamericano en contraponer al regionalismo sentimentalista de los años ’30 el realismo de calles vacías, de casas solitarias, de ciudades anónimas, de gasolineras abandonadas. De los perfiles velados por la melancolía y el clima, de la así llamada “American Scene”, fría e impersonal, como si el lienzo fuera el registro agujereado por la descarga a quemarropa de dos gangsters al amanecer.


Adolfo Vásquez Rocca _ Doctor en Filosofía y Teoría del Arte; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Pensamiento contemporáneo y Estética. Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades Director de Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo. Profesor Asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.


Agradecemos la gentileza del autor por permitirnos reproducir un artículo de su autoría que a nuestro entender sintetiza de una manera ejemplar el contenido teórico, y nos acompaña a vislumbrar la obra de un notable artista del realismo americano en la década del ´30, para el desarrollo temático ´Clima y color en Arquitectura´.

Edward Hopper (1882/1967) _ Railroad, 1925 / Prospect Street Gloucester, 1928 / The Lighthouse at Two Lights, 1929 / Cape Cod Afternoon, 1936 / Second Story Sunlight, 1960.

Los Paisajes de Pierre Auguste Renoir _ 1865/1883




´Village Street (Louveciennes)´, c.1871/2 - Photo: Philadelphia Museum of Art. / ´Le Pont Neuf´, 1872 - Photo: Milwaukee Art Museum / ´View of Bougival´, 1873 - Photo: Milwaukee Art Museum / ´Monet Painting in His Garden in Argenteuil´, c. 1873 - Photo: Wadsworth Athenaeum / ´Le Pont de Chatou´, 1875 - Photo: Sterling and Francine Clark Art Institute

´When Renoir Left the Parlor for Fresh Air´ – Roberta Smith
Artículo publicado en Art Review, ´The New York times´, 6 de Octubre de 2007
http://www.nytimes.com/2007/10/05/arts/design/05reno.html (Artículo original)
http://www.nytimes.com/slideshow/2007/10/04/arts/20071005_RENO_SLIDESHOW_ (Slide show, ´French Landscapes´)

Anunciada como la primera gran exposición de pinturas de paisaje ´Renoir Landscapes _ 1865/1883´, el Museo de Arte de Filadelfia realizó esta muestra con carácter revisionista del último famoso artista impresionista, reconocido por los retratos sensibles, naturalezas muertas, figuras y desnudos que dominaron las salas de exposiciones alrededor de 1870. Pierre-Auguste Renoir puede haber sido el primero en menospreciar sus paisajes, sin embargo muchos de sus pinturas realizadas durante esa década, no fueron inmediatamente expuestas, seguramente por no haber contado con el aval de los críticos y coleccionistas. La temática de esta muestra alienta a una observación exhaustiva sobre la superficie del lienzo y la aplicación de su técnica, demostrando que las texturas de Renoir, lejos de ser sistemáticas, varían voluntariamente de lienzo en lienzo e incluso cambiando sutilmente dentro de un mismo trabajo. En esta exposición Renoir se afirma como un gran paisajista, aunque su atención se pueda desviar con frecuencia hacia otros lugares. Renoir parece encerrado a menudo en una lucha para someter a una técnica impresionista su propia impronta de realismo, vislumbrando algo de la naturaleza con un agudizado ojo para el detalle. Si bien Monet prestó menos interés al trabajo de la superficie y a la estructura subyacente, fué indudable su enorme virtud para representar la luz. Renoir también abordó esa y otras temáticas como el rocío , el aire suspendido, el viento aplanando la hierba y el agua que se mueve rápidamente con pequeñas texturas consolidadas en una dirección que cambian abruptamente el sentido y son en esta muestra claramente identificables . Organizada por John Zarobell, curador asociado del museo, la colección estaba sectorizada por temas: ´Los Orígenes´, ´Puro Paisaje´ y ´El paisaje impresionista´, aunque un enfoque estrictamente cronológico de este período que va de 1865 a 1883 habría aclarado el carácter cambiante del método de su pintura.

Preanunciando el concepto ´towscape´, Renoir nos sumerge con sus invalorables obras, en una vital retrospectiva sin precedentes.

Alberto Campo Baeza _ El Blanco Certero



http://www.campobaeza.com/SPANISH/_pages/_09_writings__onarchitecture_principal.htm
Texto © Alberto Campo Baeza

EL BLANCO CERTERO

Tengo ante mí una expresiva imagen procedente de la National Gallery de Londres: ´A man in a room´, de Rembrandt. El genial pintor holandés decide aquí prescindir casi por completo del color para que triunfe la Luz sobre el oscuro interior donde, a contraluz, aparece el hombre, quizás el propio Rembrandt.

Las sombras son dramáticamente atravesadas por la sólida Luz del mediodía, que viene de lo alto y se materializa en la blanca pared sobre la que incide. El blanco paramento, tocado por la Luz, se convierte así en el protagonista de tan insólito cuadro. Sabe el sabio pintor de la capacidad del plano blanco para traducir directamente, para materializarla, la Luz que, procedente del sol, penetra en el espacio de la mano, ya sea del pintor, ya sea del arquitecto. Y porque la Luz y su movimiento es la que hace que cobren vida los espacios, es por lo que en el cuadro de Rembrandt parece que se estuviera moviendo al acorde de los ritmos solares aquella espléndida mancha blanca.

Pues en la Arquitectura, ese movimiento de la Luz es real. Y si se consigue el diálogo entre el espacio, la Luz que lo recorre y el hombre que lo habita, allí aparece la Arquitectura. Algo muy fácil y muy difícil a la vez.

Los mejores pintores han empleado el blanco para representar la Luz, para materializarla. El blanco purísimo que arranca fulgores y guiños de los personajes de Goya. El blanco espeso y sordo que hace, más que reales, palpables las blancas lanas de los hábitos de los monjes de Zurbarán. El blanco diluído magistralmente en el humo por Velázquez que hace presente el aire en el aire de sus escenas.

El color blanco en la Arquitectura, más claramente aun que en la Pintura, es algo más, mucho más que una mera abstracción. Es una base firme y segura, eficaz, para resolver problemas de Luz: para atraparla, para reflejarla, para hacerla incidir, para hacerla resbalar. Y controlada la Luz e iluminados los blancos planos que lo conforman, el espacio queda controlado. ¿Y cuál es la magia de la Arquitectura sino este poner en prodigiosa relación al hombre y al espacio a través de la Luz? Por encima de lo anecdótico entonces, la utilización del color blanco, el blanco certero, es instrumento preciso para dominar los mecanismos espaciales propios de la Arquitectura.

Así lo entendieron los Maestros que han construído la Historia de la Arquitectura cuyas esencias querríamos destilar.

El mejor Mies Van der Rohe, el de la Farnsworth, es blanco.

El Corbusier más paradigmático, el de la Villa Savoye, es también blanco (ya lo sé, pero la Villa Savoye ha sido, es y será siempre blanca).

El Partenón, con la colaboración del tiempo que nos lo ha consagrado, también es blanco, como lo vieran Ictinos y Calícrates antes de recibir su perecedera policromía.

Blanco es el círculo de Luz divina que al atravesar el sol el óculo del Panteón recorre sus paramentos haciendo vibrar la sublime Arquitectura del emperador Adriano.
Y blanco el estremecedor Bernini de Sant´Andrea. Y el sereno Terragni de la Casa del Fascio. Y el luminoso Wright del Gugenheim. Y el fascinante Melnikov de su blanca casa cilíndrica de Moscú. Y la naturalidad, difícil facilidad, del Utzon de la blanca iglesia de Bagsvaerd en Copenhague.

El color blanco es símbolo de lo perenne, lo universal en el espacio y lo eterno en el tiempo. Y el tiempo, sirmpre acaba volviendo blancos los cabellos, y la Arquitectura.

¿No es el blanco como la música callada frente al fragor de la superficialidad que nos acosa? Silencio ante tanto ruido atronador. Desnudez ante tanto ornamento sin sentido. Rectitud ante tanta oblicuidad inútil. Sencillez ante tanta complicación. Ausencia presente ante tanta presencia vacía. Blanca y sencilla Arquitectura que intenta conseguir TODO con casi nada: MÁS CON MENOS.

Como bien expresaba Melnikov refiriéndose a su blanca casa de Moscú: ´Pudiendo ya hacer lo que me diera la gana, le supliqué (a la Arquitectura) que se despojara de una vez de su vestido de mármol, que se lavara el maquillaje y se mostrara como ella misma es: desnuda como una diosa, joven y grácil. Y como corresponde a la verdadera Belleza, renunciara a ser agradable y complaciente´.

Alberto Campo Baeza

POLICROMIA ARQUITECTONICA _ Le Corbusier



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Artículo publicado en Sumario Luminotecnia, Enero/Febrero 2007 por José Luis Caivano, ´La compleja relación con el color de uno de los maestros de la Arquitectura Moderna: Nueva edición de la policromía Arquitectónica de Le Corbusier´

Sin duda la personalidad más rica y compleja de la arquitectura del siglo XX ha sido Le Corbusier (Charles Edouard Jeanneret). Su relación con el color también ha sido compleja y ha veces contradictoria. Entre un Bruno Taut, defensor y propagandista a ultranza del colorismo en la arquitectura y un Walter Gropius que teoriza sobre el color pero que en sus obras lo utiliza en dosis extremadamente moderadas. Le Corbusier parece encontrarse a medio camino. Justamente mantiene algunas diferencias con Taut acerca del color y a propósito de la audacia cromática de aquel, Le Corbusier llega a decir “¡ Dios mío, Taut es daltónico!”
Los primeros escritos sobre el color aparecen en sus artículos sobre el cubismo y el purismo publicados en la revista lÉsprit Nouveau en colaboración con Amédée Ozenfant, donde expresa: ´La idea de forma precede a la de color, la forma es preminente, el color no es más que uno de sus accesorios. El color depende enteramente de la forma material; el concepto esfera precede al concepto color; se concibe una esfera incolora, un plano incoloro, no se concibe un color independientemente de cualquier soporte. El color está subordinado a la forma, pero no lo recíproco. Creemos pues que debe elegirse el tema por sus formas y no por sus colores´(Ozenfant y Jeanneret , 1918). Otros artículos publicados a principios de la década del veinte siguen más o menos la misma línea, es decir, privan al color de toda importancia en la construcción del espacio pictórico (Ozenfant y Jeanneret , 1921, 1923, 1924). Sin embargo unos años después en sus escritos sobre policromía arquitectónica de la década del treinta Le Corbusier parece haber cambiado radicalmente de opinión al punto de citar a Fernan Léger y coincidir con él cuando decía:
´El hombre necesita el color para vivir, es un elemento tan necesario como el agua y el fuego´.
Describe ejemplos de cómo el mismo hace uso del color para cambiar drásticamente la percepción espacial de la arquitectura, como en el barrio construído en Pessac ( Le Corbusier, 1931) En su monografía para la exhibición del Pavillon des Temps Nouveaux de 1937, Le Corbusier incluye un capítulo ´Policromía = Alegría´, en el cual asocia las épocas creativas de la arquitectura con la vitalidad del color cromático y el academicismo recalcitrante con el triste gris (Le Corbusier, 1937). Parece que tanto en su teoría como en sus obras, Le Corbusier evolucionó hacia una consideración mas conciente y cuidadosa del poder del color para modificar el espacio percibido.
Esto es especialmente evidente en los edificios construidos luego de la segunda Guerra Mundial, en lo que se conoce como su período ´brutalista´. Al igual que la obra de algunos otros arquitectos del movimiento moderno, la obra de Le Corbusier, que estábamos acostumbrados a verla en Blanco y negro, está siendo reconsiderada a la luz de restauraciones y estudios mas actuales.
La propia Villa Savoye, paradigma de la arquitectura moderna de los años treinta, no era blanca sino que desarrollaba un complejo esquema policromático. El texto sobre policromía arquitectónica de los años treinta, había permanecido inédito incluso en la fundación Le Corbusier. Asimismo había producido dos colecciones de color para la fábrica de empapelados Salubra, con sede en Basilea, Suiza, una en 1931 y otra en 1959. La primera edición del texto, incluyendo también las reproducciones de las colecciones de color, fue realizada por Arthur Ruegg y publicada en 1997.
Las colecciones de color estaban pensadas como series armónicas, de manera similar a como se organizan los sonidos en el teclado de un piano, de allí la denominación de –claviers de couleurs-. En el texto introductorio de la colección de 1931, Le Corbusier, escribe: “En lugar de cubrir las paredes y cielorrasos con tres manos de pintura, que necesariamente son aplicadas en medio de un obrador con todo su desorden, uno puede utilizar ahora estas pinturas preparadas a maquina que se aplican al final de la obra. El término que utilizaba para este tipo de producto era ´pintura en rollos´ evitando la palabra ´empapelado´ que se asociaba con la decoración y la arquitectura del siglo XIX. La colección de 1931 comprendía 12 ´teclados´ diferentes de color y 43 empapelados en tonos uniformes, más algunos otros papeles con el agregado de un dibujo ornamental en forma de textura visual abstracta (patrones de puntos en la colección de 1931 y grillas y marmolados en la de 1959). Esto es bastante curioso teniendo en cuenta la consabida aversión de Le Corbusier y los arquitectos modernos a todo lo que pudiera parecer vinculado a la ornamentación.
Estas series de colores con sus posibles combinaciones son comparables en su espíritu al Modulor, la serie de medidas basadas en el número de oro y en las proporciones humanas. Ambos sistemas, los Teclados de color y el Modulor, están concebidos por Le Corbusier como instrumentos normalizados o estandarizados para actuar con seguridad y precisión en el campo de la arquitectura y el diseño. El modulor es muy conocido gracias a las numerosas reediciones y traducciones que ha tenido. Sin duda estas ediciones de los – claviers de couleurs – tanto la de 1997 (agotada) como la del 2006 contribuirán a difundir un aspecto poco conocido de la obra de Le Corbusier: su concepción y el uso del color en la arquitectura.

´Luz blanca, Sombra negra´, Houston, 1969 _ Louis Isadore Kahn

White light, black shadow , Houston 1969 - Louis Isidore Kahn

Hace cerca de un mes, estaba trabajando hasta tarde en mi despacho, como de costumbre, y un hombre que trabaja conmigo me dijo,“Me gustaría hacerte una pregunta que me ronda por la cabeza desde hace tiempo... ¿Cómo describirías esta época?”

Este hombre es húngaro, vino a este país cuando los rusos entraron en Hungría. Me quedé pensando en su pregunta porque, de alguna manera, me fascina contestar preguntas de las que desconozco la respuesta.

Pero había estado leyendo en el New York Times Magazine acerca de lo sucedido en California. Estuve viajando por California y pasé por Berkeley, y me di cuenta del alance de la revolución, y de las grandes promesas de la máquina, y sentí, por haberlo leído hacía poco, que había poetas intentando escribir poemas sin palabras.

Me senté durante al menos diez minutos, sin moverme, repensando todas estas cosas en mi mente, hasta que, finalmente, le dije a Gabor,

“¿Cómo es la sombra de la luz blanca?”

Gabor tiene la costumbre de repetir lo que dices, “Luz blanca... luz blanca... no sé”. Y le dije, “Negra, no tengas miedo, porque la luz blanca no existe, como tampoco existe la sombra negra”.

Creo que es el momento de llevar a nuestro sol a juicio, a todas nuestras instituciones a juicio.

Me crié cuando la luz del sol era amarilla y la sombra azul. Pero me doy cuenta de que era una luz blanca y una sombra negra. Aun así, nada de esto es alarmante, porque creo llegará un amarillo luminoso y un azul hermoso, y que la revolución impulsará un nuevo sentido de lo maravilloso. Sólo a partir de lo maravilloso pueden surgir nuevas instituciones... seguro que no pueden surgir del análisis.

Y dije, “Sabes, Gabor, si pudiera pensar a qué dedicarme, distinto de la arquitectura, escribiría un nuevo cuento de hadas, porque del cuento de hadas surgieron los aviones, y las locomotoras, y esos maravillosos instrumentos: nuestras mentes... todo surgió del maravillamiento.”

Todo ocurría en un momento en que iba a pronunciar tres charlas consecutivas en Princenton. No tenía aún título para mis charlas, y estaba siendo acosado por el secretario que quería los títulos para anunciarlas. Después de la noche de la discusión con Gabor, ya sabía los títulos. (Cómo compensa tener a alguien que se preocupa por todo, y no sólo por nimiedades.)

Gabor está tan preocupado. De hecho, está tan enamorado del significado de la “palabra” misma que fácilmente compararía una escultura de Fidias con una palabra. Cree que una palabra tiene dos cualidades. Una de ellas es mensurable, de uso cotidiano la otra es la maravilla de su propia existencia, que es inconmensurable.

Así que sabía ya los títulos de mis charlas en Princenton: a la primera la llamé, Arquitectura: la luz blanca y la sombra negra a la segunda, Arquitectura: las instituciones del hombre y a la tercera, Arquitectura: lo increíble.

En el reino de lo increíble se halla lo maravilloso del nacimiento de una columna. Del muro nace la columna. El muro hizo bien al hombre. Con su grosor y su fuerza lo protegió de la destrucción. Pero pronto, la voluntad de mirar hacia fuera hizo que el hombre agujereara el muro, y al muro le dolió mucho, y dijo, “¿Por qué me haces esto? Yo te protegí; te hice sentir seguro, ¡y ahora me atraviesas con un agujero¡” Y el hombre respondió, “¡Pero ahora veré el exterior¡ Veo cosas maravillosas ahí fuera, y quiero mirarlas”. Y el muro continuó sintiéndose muy triste. Más tarde, el hombre dejó de agujerear el muro, e hizo una abertura más perspicaz, adornada con piedras delicadas, y puso un dintel sobre la abertura. Y pronto el muro se sintió bastante bien.

Aquella manera de tratar al muro fue el inicio de un orden en la manera de hacer muros con aberturas. Después vino la columna, que era un orden más bien automático, que decidía que algo se abría, o que no se abría. El ritmo de las aberturas las decidía entonces el propio muro, que ya no era un muro, sino una serie de columnas y de aberturas. La comprensión de todo ello no surgió de algo natural. Surgió de un sencillo misterioso que el hombre posee para expresar las maravillas del alma que demandan expresión.

La razón de nuestra vida es expresar... expresar odio... expresar amor... expresar integridad y habilidad... todo cosas intangibles. La mente es el alma y el cerebro es el instrumento del que se deriva nuestra singularidad, y del que se deducen nuestras actitudes. Un cuento de Gógol podría ser un cuento sobre la montaña, el niño y la serpiente. Su tema se escoge así, La naturaleza no escoge... simplemente desenmaraña sus leyes, y todo se diseña por la interacción de circunstancias en las que el hombre decide. El arte implica una elección, Y todo lo que el hombre hace pertenece al arte.

En todo lo que la naturaleza hace, la naturaleza registra cómo lo hizo. La roca registra a la roca, el hombre registra cómo fue hecho.

Cuando somos concientes de esto, sabemos algo de las leyes del universo. Algunos pueden reconstruir las leyes del universo simplemente estudiando una hoja de hierba. Otros tienen que aprender muchas cosas, muchas, hasta saber lo necesario para descubrir el orden del universo.

La inspiración por aprender surge de nuestra manera de vivir. A través de nuestro ser consciente sentimos el carácter de la naturaleza que nos formó. Nuestras instituciones del aprendizaje surgen de la inspiración por aprender, que es una intuición sobre cómo fuimos hechos. Pero las instituciones del aprendizaje Tienen que ver principalmente con la expresión.
Incluso la inspiración para vivir sirve para aprender a expresar.La institución de la religión surge de la inspiración a preguntar, que a su vez surge de cómo fuimos hechos.

No conozco servicio más grande que un arquitecto pueda hacer, en tanto que profesional, que darse cuenta de que cada edificio debe servir a una institución del hombre, tanto si la institución es de gobierno, de hogar, de aprendizaje, o de salud, o de ocio.

Una de las grandes ausencias en la arquitectura actual es que estas instituciones no se definen, que se dan por hechas, tal y como aparecen en los programas, y se convierten así en edificios.

Quiero poneros algunos ejemplos de lo que quiero decir con reprogramar.

Como trabajo de curso en la universidad, planteé el problema de un monasterio, y yo adopté el papel del eremita que creía en la necesidad de una sociedad de eremitas. ¿Dónde empiezo? ¿Cómo siento esa sociedad de eremitas? No tenía programa, y durante dos densas semanas hablamos de la naturaleza. (La comprensión de la naturaleza es uno de los objetos del eremita).

Una chica india fue la primera en decir algo significativo. Dijo, “Creo que en este lugar todo debería surgir de la celda. De la celda surgiría el derecho a existir de la capilla, de la celda surgiría el derecho al retiro, y el de los talleres para vivir. Otro estudiante indio (sus mentes piensan de un modo más trascendente) dijo, “Estoy de acuerdo, pero me gustaría añadir que el refectorio debe ser equivalente a la capilla, y la capilla equivalente a la celda y el retiro igual al refectorio. Ninguno es más importante que los demás”.

Ahora bien, el estudiante con más talento de la clase era ingles. Presento un proyecto maravilloso al que añadiría otro elemento, una chimenea, que estaba situada en el exterior. En cierto sentido, no podía prescindir del significado del fuego, de la calidez y de la promesa del fuego. También colocó el retiro a ochocientos metros del monasterio, argumentando que era un honor para el monasterio tener un retiro, y que una parte importante del monasterio debería cederse al retiro.

Llamamos a un monje de Pittsburgh para que nos dijera lo maravillosa que era nuestra reflexión. Era un monje alegre, un pintor que vivía en un estudio grande, y que estaba en su celda a regañadientes. Realmente empezó a tomarnos el pelo, sobre todo acerca del refectorio situado a ochocientos metros del complejo. Dijo, “¡Antes preferiría que me sirvieran la comida en la cama!” Cuando se fue, nos sentíamos desalentados, pero luego pensamos, “Total, es sólo un monje...¡qué va a saber él!”

Desarrollamos el problema, Y hubo algunas soluciones maravillosas. Os aseguro que lo más satisfactorio era tener la certeza de que las soluciones no procedían de un programa muerto, de un programa dictado en metros cuadrados. Las consideraciones habituales acerca de la naturaleza de un refectorio y demás fueron ignoradas. Cuando corregimos los proyectos, invitamos al padre Roland, y se declaró un acérrimo defensor de los proyectos más ultramodernos, pero el programa, que normalmente viene dado, había muerto. El programa original no contemplaba lo nuevo, no tenía voluntad de vida, y estos estudiantes estaban inspirados. Cada estudiante dio con una solución distinta, pero todos sugirieron una vida nueva, elementos nuevos. No os lo puedo describir todo ahora, pero lo que empezó como una simple reconsideración emergió con el poder de un nuevo comienzo, en el que los nuevos descubrimientos podían llevarse a cabo en un contexto actual.

Propuse otro ejercicio en la universidad, Un club juvenil... algo de mucho interés hoy en día. ¿Qué es un club juvenil? En cierto sentido, era necesario fijar un lugar y para los alumnos, la búsqueda de un lugar llevó consigo la idea de que sería fantástico que, en las cercanías del club, algunas de las calles pudieran cortarse para acabar con el movimiento, el movimiento desinteresado. Ello provocaría que no fuera práctico atravesarlas, y esas calles, en las que el tráfico era perjudicial, iniciarían una nueva vida. Sus cruces se convirtieron en pequeñas plazas y, de algún modo, el club juvenil aparecía como si fuera posible que estuvieran allí. Simplemente por la imposición directa, las calles se convirtieron en aparcamientos -e incluso en lugares de juego- tal y como solía ser.

Recuerdo que, cuando era niño, solíamos tirar el balón desde la ventana del primer piso. Nunca íbamos a un espacio especialmente pensado para jugar; El espacio del juego se establecería en el momento de jugar. El juego era inspiración, no organización.

Durante nuestro debate sobre la naturaleza de un club juvenil. un estudiante salió y dijo.
“Creo que un club juvenil es un granero”. Otro estudiante, algo contrariado porque no se le había ocurrido antes lo del granero, dijo, “No, creo que es una cabaña” (Aquella no era ciertamente una gran contribución).

El propio Gabor, que asiste a clase como oyente, no dice nada a menos que se le pregunte.
Estábamos ya en la tercera semana deliberando sobre la naturaleza de un club juvenil. Le dije a Gabor, “¿Qué crees tú que es un club juvenil?”

Dijo, “Creo que un club juvenil es un lugar desde. No es un lugar hacia, sino desde. Es un lugar cuyo espíritu debe ser desde donde uno va, y no hacia donde uno va”.

Es inmenso, cuando pensamos en la luz blanca y la sombra negra. ¿Por qué esta revolución? Porque la gente, de algún modo, se enfrenta a las cosas, y, de repente, desconfían de las instituciones del hombre. Desde la revolución vendrán más cosas maravillosas, o simplemente, la redefinición de las cosas.

¿Es una escuela un lugar hacia o un lugar desde? Es una pregunta sobre la que aún no me he decidido, pero es algo terrible sobre lo que preguntarse. Cuando proyectas una escuela,
¿dices que va a tener siete seminarios... o es algo que de algún modo tiene la cualidad de ser un lugar en el que inspirarse? ¿Un lugar para hablar, para sentir que participas de una especie de conversación? ¿Podría tener uno de esos espacios una chimenea?

Podría haber una galería en vez de un pasillo. La galería es realmente el aula de los estudiantes, donde el chico que no entendió demasiado aquello que el profesor había dicho,
podría comentárselo a otro, un chico que parece tener un tipo de oído distinto, así que ambos acabarían por comprender.

El monasterio que estoy haciendo tiene un lugar de entrada que resulta ser una puerta. Está decorada para invitar a todas las religiones, algo que se está empezando a hacer ahora. Pero se les da un lugar sólo en la puerta de entrada, porque la santidad del monasterio debe preservarse.

En Salk Institute for Biological Studies, cuando Salk vino a mi despacho y me pidió que construyera un laboratorio, el programa era muy simple. Me dijo, “¿Cuántos metros cuadrados tienen las torres de medicina de University of Pennsylvania?”. Le dije que unos 9.300. Me dijo, “Hay una cosa que me gustaría poder lograr. Me gustaría invitar a Picasso al laboratorio”. Su inspiración, claro está, era que en la ciencia, preocupada por lo mensurable, hay una voluntad de ser aquello que se es, desde la cosa más pequeña. El microbio quiere ser un microbio (por alguna razón impía), y la rosa quiere ser una rosa, y el hombre quiere ser un hombre... para expresar... cierta postura, cierta actitud, cierto algo, que se mueve en una dirección y no en otra, martilleando sin parar a la naturaleza para proporcionar los instrumentos que lo hacen posible. Salk, el científico, intuía ese gran deseo de expresión. El científico, aislado de cualquier otro modo de pensar, necesitaba más que nada la presencia de lo inconmensurable, que es el territorio del artista.

Es el lenguaje de Dios.

La ciencia encuentra lo que ya está ahí, pero el artista hace lo que no está.

Esta consideración cambió el Salk Institute de un simple edificio como el de University of Pennsylvania a uno que requería un lugar de encuentro que fuera tan grande como un laboratorio. Era el lugar del vestíbulo del arte, es decir, un lugar para las artes y las letras. Un lugar en el que uno comía, Porque no sé de un seminario mejor que los comedores. Había un gimnasio; había un lugar para los becarios que no eran científicos; había un lugar para el director. Había habitaciones sin nombre, como el vestíbulo de entrada, que no tenía nombre. Era la habitación más grande, pero no estaba diseñada de ninguna manera. La gente también podía rodearla; no tenían por qué atravesarla. Pero el vestíbulo de entrada era un lugar donde se podía servir un banquete si se quería.

Ya sabes qué pasa cuando no quieres entrar en un gran vestíbulo señorial donde debes saludar a alguien al que no te apetece saludar, y eso también les ocurre a los científicos. A los científicos les entra pánico de que alguien cercano Esté haciendo exactamente lo mismo que ellos. Eso les mata.

Todas estas reglas y consideraciones constituyen el programa. (si se lo quiere llamar así). Pero programa es una palabra demasiado aburrida. Se trata de comprender la naturaleza de un conjunto de espacios donde es bueno hacer algo en concreto. Ahora bien, decís que algunos espacios deberían ser flexibles. Claro que algunos espacios deberían ser flexibles, pero también los hay que deberían ser completamente inflexibles. Deberían ser pura inspiración... sólo el lugar donde estar, el lugar que no cambia, excepto para la gente que entra y sale de él. Es el tipo de sitio que sólo al cabo de cincuenta años dices, “Eh, ¿te has dado cuenta de esto... y de aquello?”

Es una totalidad inspiradora, no sólo un detalle, un simple artilugio que insiste en gritarte. Es algo parecido a una especie de cielo, una especie de entorno espacial, terriblemente importante para mí. Un edificio es un mundo dentro de otro mundo. Los edificios que personifican lugares de culto, u hogares, u otras instituciones del hombre, deben de ser fieles a su naturaleza.

Este es el pensamiento que debe perdurar; si muere, la arquitectura está muerta.

Mucha arquitectura de la esperanza está muerta, porque quieren sustituirla. Pero me temo no tienen la habilidad de conseguirlo. De modo que mucha gente está hoy dispuesta a confiar demasiado en la máquina. No deben nunca separar la máquina de la arquitectura, que es su mayor poder. Pronto llegaremos a una ciudad sin arquitectura, y no será ya una ciudad.

Creo que hay áreas sin explorar en la planificación. Creo que si se las entregara a los arquitectos todo iría bien. Sin embargo, hay arquitecturas sin explorar en la ciudad... La arquitectura del orden está sin explorar. ¿Por qué debemos construir depósitos distantes
del lugar al que transportan sus piezas? ¿Por qué no hay puntos en los que los grandes cruces de circulación proporcionen continuidad?

Aunque para otras necesidades cívicas no hace falta ser tan estricto, debemos prestar atención al agua. Porque el agua es cada vez más preciosa. Debe haber alguna especie de orden en el agua; el agua de una fuente, y el agua del aire acondicionado no tienen por qué ser la misma agua que bebemos.

Voy a construir una ciudad en la India, al menos eso me han dicho, y creo que allí la arquitectura más importante serán las torres del agua. Las torres de agua se ubicarán donde estén los servicios cívicos. Habrá torres de agua, Posiblemente, en los cruces de carreteras.
También se situarían allí la comisaría, los bomberos. Ese lugar no será un edificio... será simplemente una extensión de la carretera. El movimiento tan sólo se enrosca en forma de avión... mi cruce podría ser el lugar donde se coge el avión.

Creo que la solución de Eero Saarinen para el aeropuerto de Dulles es bella como lugar de entrada. Quizás el tráfico no sea el mismo porque la configuración no es la misma, pero tienes la sensación de llegar a alguna parte, y de que vas a ese lugar en un coche diseñado para ese fin. El aeropuerto de Dulles es muy superior a todos esos aeropuertos en los que cada compañía tiene su propia casita. En esos aeropuertos te sientes atrapado. Es realmente una conspiración. No son bondadosos con el hombre, y uno se siente muy desamparado. El hombre está aquí mientras debería estar en otra parte.

Hablábamos antes, esta mañana, De los tres aspectos de la enseñanza de la arquitectura. En realidad, creo que no enseño arquitectura, sino que me enseño a mí mismo.

Estos, sin embargo, son los tres aspectos: El primero es profesional. Como profesional tienes la obligación de aprender Cuál debe ser tu conducta en las distintas relaciones... En las relaciones institucionales, y en tus relaciones con las personas que te confían un trabajo. En este sentido, debes saber distinguir entre ciencia y tecnología. Las reglas estéticas constituyen también un saber profesional. Como profesional, estás obligado a traducir el programa de un cliente a los espacios de la institución a la que sirven. Se puede decir que es un orden espacial, o un entorno espacial de esta actividad del hombre que es tu responsabilidad profesional. Nadie debería tomar el programa y simplemente dárselo al cliente como si estuviera rellenando una receta médica.

Otro aspecto es la preparación del hombre para expresarse. Esta es su propia prerrogativa. Se le debe otorgar el significado de la filosofía, el significado de la creencia, el de la fe. Debe conocer las demás artes. Utilizo ejemplos que quizás ya he utilizado demasiadas veces, pero el arquitecto debe comprender su prerrogativa. Debe saber que un pintor puede volver a la gente cabeza abajo, si lo desea, porque un pintor no tiene por qué atenerse a las leyes de la gravedad. El pintor puede hacer puertas más pequeñas que las personas; puede pintar cielos negros durante el día; pájaros que no pueden volar; perros que no pueden correr; porque es un pintor. Puede pintar rojo donde ve azul. Un escultor puede colocar ruedas cuadradas a un cañón para expresar la futilidad de la guerra.

Un arquitecto debe usar ruedas redondas, y debe hacer sus puertas más grandes que las personas. Pero los arquitectos deben aprender que tienen otros derechos... sus propios derechos. Aprender esto, comprenderlo, es dar al hombre las herramientas para hacer lo increíble, lo que la naturaleza no es capaz de hacer. Las herramientas tienen una validez psicológica, y no simplemente física, porque el hombre, a diferencia de la naturaleza, tiene capacidad de elección.

El tercer aspecto que se debe aprender es que la arquitectura en realidad no existe.
Sólo existe la obra de arquitectura. La arquitectura existe en la mente. Un hombre que realiza una obra arquitectónica Lo hace como una ofrenda al espíritu de la arquitectura... al espíritu que no conoce estilos, no conoce ni técnicas, ni métodos. Que tan sólo espera aquello que se muestra a sí mismo. Hay arquitectura, y es la materialización de lo inconmensurable. ¿Se puede medir el Partenón? No. Sería un asesinato. ¿Puedes medir el Panteón, ese edificio maravilloso que colma las instituciones del hombre?

Cuando Adriano pensó en el Panteón, quería un lugar al que cualquiera pudiera ir a rezar. Qué maravillosa es esta solución. Es un edificio sin dirección, no es siquiera un cuadrado, que daría, de alguna manera, direcciones y puntos a sus esquinas. No hubo ocasión de decir aquí va un altar, o allá. No. La luz desde arriba es tal que no puedes acercarte a ella. No puedes quedarte de pie bajo ella; casi te corta como un cuchillo..., y quieres alejarte de ella.

Que solución arquitectónica más admirable. Debería ser una fuente de inspiración para todos los arquitectos, un edificio así, concebido así.